La evolución del dinero. Del trueque a las criptomonedas

El rol que ha jugado el dinero como medio de cambio ha experimentado una gran evolución a lo largo de la historia. Tanto es así que ahora su valor intrínseco es muy inferior al valor que representa, muy al contrario de lo que ocurría al principio.

El trueque

La humanidad siempre ha hecho y hará todo lo posible por cubrir sus necesidades. Una forma de conseguir aquello de lo que carecía era el trueque, es decir, cambiar una mercancía que se tenía en exceso por otra. Así, se cambiaba lana por un tipo de arma, o pescados por trigo.

Sin embargo, el trueque resultaba un sistema poco práctico en numerosas situaciones, ante la dificultad para intercambiar bienes de diferente valor, la de vender en un momento distinto al de comprar y la de encontrar a la persona ideal para el intercambio de mercancía.

A medida que crece el volumen de intercambios, el trueque frena las posibilidades de la especialización y del progreso en una economía. Por este motivo, se buscó un elemento que fuera generalmente aceptado en los procesos de intercambio y surgió el dinero mercancía.

El dinero mercancía

Por definición, el dinero mercancía es un bien que tiene el mismo valor como unidad monetaria que como mercancía (oro, plata, piedras preciosas…).

La mercancía que se elegía como dinero debía tener las siguientes cualidades: que fuese duradera, transportable, divisible, homogénea y de oferta limitada.

Una de las grandes desventajas que presentaban los metales preciosos era que en cada intercambio debía comprobarse su pureza y su calidad, haciendo mucho más complicada la rapidez del pago. Con la acuñación de la moneda (en esos materiales valiosos) se evitó este problema.

Durante la Edad media, los orfebres ofrecían servicios de custodia de metales preciosos y demás objetos de valor. De esta forma, introdujeron el dinero en papel, que estaba respaldado por los depósitos de oro o plata, de igual valor al de los certificados.

El dinero fiduciario

El dinero signo o fiduciario es un bien que tiene un valor muy escaso como mercancía, es decir, que su valor intrínseco es inferior al que representa, pero que mantiene ese valor como medio de cambio porque los individuos tienen confianza en que el emisor responderá de los trozos de papel o monedas acuñadas y cuidará de que la cantidad emitida sea limitada. En definitiva, el valor intrínseco del papel es prácticamente nulo, pero su valor es refrendado por quien lo emite.

El valor del dinero-papel actual descansa precisamente en esa confianza que todos tenemos de que será aceptado como medio de pago por los demás, y en que las autoridades económicas han determinado específicamente que es de curso legal.

En efecto, aunque los bancos centrales se comprometen a mantener ‘responsablemente’ una cantidad limitada del dinero emitido, no dudan en imprimir más y más dinero, en función de las necesidades cada vez más acuciantes de los mercados financieros. Con ello, sus decisiones más o menos responsables, que no las de las sociedades a las que sirven, provocan una devaluación del valor que otorgamos al dinero en circulación y la peligrosa inflación de los precios.

El dinero digital

El dinero digital se almacena a través de un soporte electrónico, permite realizar transacciones sin necesidad de dinero físico ni de tarjetas bancarias. Incluso, en algunos casos ni siquiera es necesaria la intermediación de una entidad financiera.

La tendencia a pagar sin efectivo se va adoptando en nuestra sociedad de una manera gradual. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 ha precipitado esta forma de pago digital entre los consumidores de todo el mundo, obligando incluso a las pequeñas empresas a adaptarse en tiempo récord para poder cobrar a través de Bizum, PayPal, pago a través del smartphone u otros métodos de este tipo.

El dinero digital o electrónico funciona como un medio de pago virtual que permite realizar transacciones a través de internet, del teléfono móvil o de tu televisor inteligente.

Es un método de pago instantáneo y confidencial y, por lo general, de total confianza para consumidores y comerciantes.

Criptomedas y dinero digital

Podemos llegar a confundirlo, pero hablar del dinero digital no es hablar de criptomonedas. Estas son sólo una variedad del dinero digital.

Mientras el dinero digital cumple estrictamente con la misma regulación que el dinero papel o dinero fiduciario, las criptomonedas (como el bitcoin) son creadas por iniciativas privadas y no son controladas por el Banco Central correspondiente, sino que dicho control está descentralizado y es una responsabilidad que recae en la comunidad.

La amplia aceptación y confianza depositada por la sociedad en el dinero fiduciario a lo largo de los años y el enorme volumen de unidades monetarias repartidas por todo el mundo hacen posible que el valor que le otorgamos cambie lentamente (baja volatilidad).

Por el contrario, el valor que otorga el mercado a las criptomonedas sufre una mayor volatilidad, pues están soportadas por una muy inferior cantidad de usuarios. Cambios más pequeños en el comportamiento de estos tienen una mayor relevancia en el cambio de valoración de estos activos digitales.

A pesar de tener algunas desventajas y riesgos, las criptomonedas también ofrecen grandes ventajas a sus usuarios como son: globalidad, seguridad, transparencia, rapidez y ser una interesante propuesta para la lucha contra la inflación. Quizá sean estos los motivos que están motivando que paulatinamente los usuarios y agentes del mercado les concedan una mayor confianza y estén ampliando el espacio que ocupan en los mercados financieros.

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